¿Una nueva era económica?
Hace poco el presidente de la Cámara Navarra de Comercio e Industria, Javier Taberna, dijo que estábamos entrando en una nueva era económica donde existían incertidumbres y oportunidades. Reflexión parecida a la que hizo en su momento Ricardo Galli, la cual puntualicé con este comentario:
“Si tienes algún miembro de tu familia que se ha metido en el “marron” (de hipotecarse) o que tiene algún vinculo profesional como asalariado con el mundo de la construcción (y todo lo que le rodea) por solidaridad estás obligado a echarle un cable, y más o menos casi todos nos vemos afectados por ésto, incluso los que no nos hemos hipotecado nunca. El sector turístico tampoco se escapará de la crisis, en una isla como Mallorca se notará bastante. Ese es el problema de las crisis, las deudas afectan a todos y con deudas difícil se hace innovar“.
La cuestión de fondo que hay que asumir es que nuestra capacidad adquisitiva se va a ver reducida drásticamente, tanto por haber menos dinero en circulación debido a la perdida de confianza en el sistema basado en la creación de deuda, como por la escalada del precio del petroleo motivada por la amenaza creciente de una guerra en Irán, la dificultad de encontrar bolsas de fácil extracción o el aumento de la demanda. Por tanto, para hablar de innovación antes se tiene que buscar una definición para esta palabra que nos permita dar una orden de preferencias en las estrategias a seguir. Por innovación entiendo:
“Todo aquél producto o servicio que partiendo de una gestión de capital humano o aplicación tecnológica pueda abrir mercados (generando trabajo, reduciendo costes, dinamizando el movimiento de capital) o mejorar la calidad de vida de los ciudadanos (generar espacios que permitan la construcción autónoma de la socialización y la cultura, ganar tiempo de ocio, beneficios en la salud pública, sostenibilidad medioambiental)”.[*]
Opino que en la situación actual la innovación se debe centrar en el ahorro. El ahorro puede venir a través de dos vías, o bien reduciendo el consumo u optimizando los mecanismos para poder adquirir lo mismo con menor energía/trabajo. Ahora bien, para mantener este sistema económico basado fundamentalmente en el consumo ocioso el ahorro debe liberar dinero proveniente de lo que gastan en su día a día los individuos y las familias para poder vivir: alimentación, vivienda, salud, escolarización y vestuario. Sólo cuando tenemos cubiertas estas necesidades básicas podemos empezar a pensar en adquirir productos que llenen nuestro tiempo de ocio o hagan más sencillas nuestras rutinas.
El problema que nos encontramos es que grandes intereses empresariales afianzados en el modelo anterior van a poner muchas resistencias. Por ejemplo, una actuación del Estado en vistas de que la crisis se agudizará en septiembre habría podido ser dar un vuelco al problema que supone adquirir año tras año nuevos libros escolares por el capricho de las editoriales. Otra vez seremos bombardeados con la noticia de que las familias gastan entre 500 y 1000 euros con el inicio del curso. ¿Acaso con todos los recursos que disponemos no es posible ayudar a ahorrar este dinero y al mismo tiempo innovar las formas de plantear la educación? Tal vez la cuestión tenga que ver más con la política que con los recursos como en tantos otros temas.
Por tanto, opino que va a ser más difícil de lo que se piensa una transición tranquila a una nueva era económica si ciertas corporaciones van a impedir como sea que las familias puedan ahorrar. Se quiere seguir manteniendo los niveles de consumo de hace años a toda costa, aunque para ello se tenga que negar toda crisis. Excesiva confianza en la bondad del Estado, excesiva confianza en la bondad del mercado.
[*] Esta definición es mía, soy consciente que puede ser imperfecta, pero me sirve para comenzar un marco reflexivo.
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[...] que en estos tiempos que corren el titular más impacte sea el ahorro de 300 euros por ordenador, que habrá supuesto unos 15000 [...]