Una generación jodida

Hoy la noticia del día era la quiebra de Lehman Brothers y para muchos jóvenes de mi generación ésta ha pasado desapercibida sin ser conscientes de lo que suponía para sus vidas.

Hace poco un amigo mío, con una licenciatura en Economía en la prestigiosa Universidad de Navarra y con un alto nivel de inglés después de haber vivido en EEUU y Cardiff, vino a vivir a Barcelona y se puso a buscar trabajo. En pocas semanas vió que en la mayoría de empresas en las que había dejado su Résumé no le llamaban y las pocas que lo hacían le explicaban que la situación económica no les permitía contratar nueva plantilla. Apurado por su situación acabó trabajando como operario en una línea de producción. Algo no funciona.

Somos una generación jodida, lo debemos asumir. Sin posibilidad de pensar en adquirir una vivienda o acceder desde una temprana edad a un crédito que nos permita crear nuestra primera empresa. Algunos con peor suerte cargarán sobre sus espaldas durante años una hipoteca o la de algún familiar en apuros, o por falta de actitud emprendedora acabarán relegados a empleos muy alejados de sus estudios o aspiraciones. Esta es la trampa de nuestra sociedad actual. El dinero barato se ha acabado, y la deuda se ha puesto encima de la mesa. Lo único que queda ahora es el chantaje de la “marca personal” que cruza nuestra vida íntima con nuestra profesionalidad: o eres alguien o no eres nadie. La precariedad es una amenaza constante.

El dinero es el código clave para entender la situación: Tener dinero/ser alguien o no tener dinero/no ser nadie. Es la simplicidad con la que la gnoseológia capitalista actual hace las delicias de Calvino. Desde este momento y en vistas del recrudecimiento de la crisis que nos espera para el próximo año es hora de abrir una brecha para salvar nuestro querer vivir, lo poco de nosotros que aún rechaza esta privación de la sobreabundancia en la que hemos crecido.

Conocí hace unos días al padre de un compañero de nuestra okupa, un hombre que ronda los cincuenta años y que regenta un bar bastante conocido en Barcelona por albergar dentro de sí muchas expresiones culturales alternativas, cosa que les ha traido bastantes problemas con la administración. Me entusiasmó sobretodo el estilo de vida como tribu que experimenta con los suyos, una vuelta al trueque, donde los conocimientos de uno siempre podían ser útiles para otro y a la inversa, con el único objetivo de apoyarse entre todos para mantener en conjunto cierta autonomía en la vida. No es extraño, en cierta forma ya ha comenzado a surgir en algunos pueblos de Inglaterra algo parecido.

Tal vez ese es el reto de nuestra generación, volver a recuperar lo local ante el entusiasmo que provocó lo global. Una localidad repensada desde lo global, superando el viejo nacionalismo, pero tal vez recuperando el patriotismo en su sentido original, usado como motor para animar al mestizaje. No queda otra, si se acercan malos momentos es hora de volver a construir redes de confianza en las que apoyarse y salir adelante. El mismo espíritu que nos animó a okupar La Torre del Moro.

Posted: September 16th, 2008
Comments: 1 Comment.
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Comment from juniro - March 5, 2009 at 6:58 pm

No parece estar lejos pues la vuelta a la agricultura de subsistencia. Esto se acaba.