He realizado los estudios de Filosofía en la Universidad de las Islas Baleares (2001) y comencé a tener contacto profesional con el mundo de Internet en el Área de Comunicación Digital de la Fundación IBIT (2007), un centro tecnológico dedicado al análisis, desarrollo y promoción de las nuevas tecnologías. Esta experiencia se cruza con mi pasión por el arte digital y da fruto a la exposición Identidad Digital (2008) donde participé tanto en la elaboración de los contenidos como en la realización del material audiovisual junto a la asociación cultural Cortex Audiovisual.
Algunos de los temas que me interesan son la transformación del poder en la sociedad red después de la postmodernidad, las nuevas formas de control social y la aproximación del pensamiento filosófico al marketing. Mis principales influencias a la hora de abordar estos temas han sido David de Ugarte y Santiago López Petit ambos destacados pensadores de nuestro país dentro de la época que vivimos.
Según pasa el tiempo vivo más obsesionado por las relaciones de poder que tejen nuestros hábitos tecnológicos. En diciembre pude dar una charla sobre ello en las II Jornadas sobre la web mediatiza y hace poco tuve una intervención basándome en el mismo discurso en el programa AptitudeFM de Radio Contrabanda [aquí, a partir del minuto 20].
Me asquea la progresiva aparición de aplicaciones sociales gestionadas por terceros como Facebook o Google Latitude, que replantean “lo social” como trampa a favor de los intereses de mercadotecnia y ejercicio del poder de las grandes corporaciones. La vida del individuo es entendida como mercancía y “lo social” es presentado como un mero agregado neutralizado políticamente al cual estás conectado o no existes.
Se está creando una segunda brecha digital, si al principio el problema era el acceso a la información ahora la cuestión se sitúa en el control de la información. El razonamiento que permite el aumento de los sistemas de vigilancia en la sociedad (“yo no tengo por qué preocuparme, no hago nada malo”) es el mismo que acepta jugar la partida que ofrecen las herramientas digitales orientadas a recabar datos personales de los usuarios. Pero ¿qué garantía tenemos de que todos esos datos conservados en un servidor lejano no caerán nunca en malas manos?
Tal vez peco de paranoico, pero las tecnologías que permiten la trazabilidad al principio se usaron con los productos manufacturados mediante RFID, y después sobre los delincuentes a través de las pulseras electrónicas, finalmente ahora se están ofreciendo como “oportunidad” al grueso de la población. Los productos manufacturados desde entonces optimizaron su logística, los delincuentes vieron optimizada la vigilancia ejercida sobre ellos, ¿qué rédito se saca mediante su popularización?
La tecnología no es neutral, juega un papel político en cada época y establece unas formas de relacionarse que se incorporan a la cultura y afianzan estructuras que ejercen un poder normalizado sobre el individuo. No creo que debamos separar esta tendencia tecnológica que he indicado del contexto económico que estamos viviendo, y China para mí es el modelo de sociedad al que nos estamos paulatinamente dirigiendo. Asco me da.
Leo en Meneame que un grupo de bloggers fueron invitados por el BBVA a una comida para asistir a la presentación de la herramienta “Tú cuentas” que ha desarrollado el departamento de Innovación de la misma corporación junto a Strands.
En una economía que se encuentra en crisis por la creciente desconfianza que existe en el sector de las finanzas (reflejo de una política internacional basada en el miedo para justificar políticas de control social) se hace lógico el paso a seguir: el control de los hábitos de los ciudadanos/consumidores para prever una situación como la actual.
Lo que más me ha consternado de la noticia en cuestión es ver a David de Ugarte jalear cual mercenario las bondades de la herramienta desarrollada cuando él ha sido el primero en defender la necesidad de una independencia digital. Lo cual me ha impactado más al ver en detalle las opciones que permite la herramienta:
David de Ugarte se justifica en los comentarios de su post diciendo que:
“El programa chupa los datos en el momento, los presenta, los agrega y es ese agregado el que se cruza con otros para dar los resultados. Eso es a lo que se refieren con “los datos son del usuario”, que no se los quedan ni los almacenan ellos individualmente, sino tan sólo los agregados globales”.
Lo cual está quitando importancia al peligro de ser trazada una red sin necesidad de tener acceso a la actividad que está teniendo que le llevó a usar su propio servidor Jabber. ¿Desconfiamos de un servidor de mensajería instantánea, pero confiamos todos nuestros datos financieros y no financieros a una entidad bancaria?.
El modelo de negocio de Internet está centrándose progresivamente en la geoweb, es decir, en el control de los hábitos físicos de los usuarios mediante su digitalización. Desde herramientas que nos permiten decir qué estamos haciendo en cada momento, hasta aplicaciones que hacen uso del GPS del móvil para marcar donde nos encontramos y donde están nuestros amigos. La trazabilidad de las mercancías que comenzó tímidamente con los chips RFID se extiende a la población.
¿Qué sitios sueles frecuentar? ¿Qué sueles hacer? ¿Con qué gente sueles relacionarte? ¿Qué hábitos de consumo tienes? Es información bastante interesante para ciertas corporaciones, como bancos, aseguradoras o gobiernos. Todo ello puede hacer previsible nuestros movimientos y permitir que se adelanten a nosotros. Si para comprar una casa hoy es necesario un crédito, si nadie garantiza que la sanidad pública exista en el futuro, si la política va cediendo cada vez más a intereses de control social… ¿realmente vamos a querer dar a conocer nuestros hábitos unificándolos en bases de datos digitales?.
Al fin y al cabo no es tan diferente a lo que nos explica este vídeo, lo único que difiere es la promesa que nos hacen para que aceptemos su caramelo:
Nota: Se que los vídeos los he sacado de Youtube… me queda aún pendiente superar esta dependencia
Es algo que llevo imaginándome desde hace algún tiempo, el próximo paso en la sociedad de control puede serla monitorización de rostros a gran escalaalimentando bases de datos privadas con el fin de rastrear conductas sospechosas, y por otra la socialización de esta tecnología con su uso a pequeña escala para que el poder pueda llegar a los rincones donde no alcanza su visión con el fin de tener siempre a mano un dedo acusador.
Google hace poco implantó el reconocimiento de rasgos faciales en los resultados de su buscador de imágenes. Es fácil entrever que el próximo paso puede ser perfectamente la asociación de un rostro a una identidad/cuenta junto a las redes sociales en las que ésta participa, ¿y tal vez ir un poco más allá y desarrollar un dispositivo para teléfonos móviles que con una sola fotografía realizada con la cámara se pueda descubrir en qué lugares de Internet se encuentra ese rostro anónimo que nos encontramos por la calle?. No es algo distinto a lo que experimento ahora, pero a la inversa. Yo cuando salgo por locales de ocio nocturno no veo personas, sino Fotologs. Rostros familiares acompañados de detalles íntimos con los que nunca antes había tenido contacto físico, pero que si puedo reconocer es gracias a un previo paso por Internet.
Esto es preocupante por el factor potencialmente represivo que conlleva. Volvemos al mismo problema de siempre ¿quién garantiza un uso no fraudulento de esos datos? ¿Qué fe tenemos en el poder que nos gobierna para no creer que éste pueda ser dirigido por intereses racistas o ideológicos que atenten contra un sector de la población? ¿qué confianza depositamos en nuestros conciudadanos para pensar que estos jamás pretenderán instigar un linchamiento contra nosotros?.
Estamos cediendo cada vez más control sobre nuestra privacidad por tal de garantizarnos una ficticia seguridad por el miedo que tenemos al conflicto, como de la misma forma aceptamos entrar en el juego de “construir nuestro perfil profesional en Internet” anhelando unas “mejores oportunidades laborales” por miedo a la precariedad. No son más que mantos hipócritas para alimentar este sistema donde “nunca pasa nada”.
Existe en la mitología griega la historia de Orfeo que cuenta como tuvo que bajar al infierno para recuperar a su mujer Eurídice. Los dioses se lo permitieron a cambio de una condición, su amada le seguiría detrás suyo y él no podría echar la vista atrás hasta salir a la luz. Orfeo aceptó, pero al estar a un paso de cruzar a nuestro mundo la desconfianza le sobrecogió y decidió mirar si ella le seguía o si había sido engañado por los dioses, es entonces cuando vio desaparecer en la oscuridad a su mujer mientras ésta decía:
“¿Qué locura, Orfeo, qué locura tan grande me ha perdido, desgraciada de mí, y te ha perdido a ti?”
Cuando decidimos construir nuestra identidad en Internet bajo la promesa de mejores oportunidades profesionales o personales generalmente no tenemos en consideración a quién le estamos regalando nuestros datos ni qué se harán con ellos. Tal vez un día echemos la mirada atrás y veamos que hemos perdido aquello que más necesitamos y lo que más queremos, nuestra privacidad y nuestra libertad.
Hay regalos envenenados:
Consideremos la aplicación Google Maps para el móvil. Sin duda es una herramienta útil, pero aunque es gratuita tiene un coste para nosotros camuflado: No sabemos que se hacen con nuestros datos. Por ejemplo, yo no se si cuando pulso el botón “0″ que me geolocaliza en el mapa mediante triangulación o cuando realizo la búsqueda de un comercio esa información pasa a formar parte de una base de datos junto con un código que me identifica (o mi propio número de teléfono). Si a ello le unimos una cuenta en Google con mi actividad en su propio buscador, Gmail, Youtube, etc. tenemos un bonito perfil de mis hábitos y relaciones sociales con un valor incalculable. ¿Hay que hablar del peligro de Google Health en un momento en el quenadie garantiza que la sanidad pública esté garantizada en el futuro?. Las aseguradoras se frotan las manos.
Veamos el caso de Facebook. Miles de personas dejando toda su historia vital ¿a cambio de qué? Bien, tal vez recuperar el contacto con un amigo del pasado sea más fácil así… la verdad, no creo que sea algo que no se pueda conseguir también con tres o cuatro llamadas por teléfono ¿y a parte de eso? ¿una lista donde encontrar a profesionales y relacionarse con ellos? Aún no he llegado a entender el profundo “contacto” que se puede establecer con desconocidos a base de emoticonos o mensajes en cadena. Sinceramente, no me parece más que ruido. Por contra, una rica base de datos que permite establecer redes sociales por espacios geográficos cruzada con gustos y actividades si que puede dar un gran juego a empresas interesadas en emprender estrategias de marketing más depuradas.
Se puede decir: “bueno, a mí no me preocupa lo que haga esta web con mis datos, eso a mí no me afecta”. Pero no tenemos en consideración que ningún sistema es perfecto y pueden haber fugas de datos. Algunos casos pueden ser muy sangrantes y dejar a la vista información que bien usada nos pueden dejar en una situación vulnerable.[*] Tal vez no vaya a ser Google quien te incordie, sino tu vecino.
Con todo ello, me gustaría reflexionar en próximos posts sobre la promesa de “mejores oportunidades profesionales o personales” que nos ponen como zanahoria para regalar alegremente nuestros datos. Tal vez no sea más que una luz que nos hacen seguir para que no miremos atrás.
[*] Se que este ejemplo no atañe a una web social, pero sirve para reflejar que ninguno de nuestros datos se encuentran seguros al 100% en la red.