La Fundación IBIT comienza a usar software libre
Esta mañana me he llevado una grata sorpresa al leer en la portada de Meneame que la Fundación IBIT, lugar donde estuve trabajando durante un año, ha comenzado a hacer uso “oficial” del software libre en sus ordenadores.
Entiendo que en estos tiempos que corren el titular más impacte sea el ahorro de 300 euros por ordenador, que habrá supuesto unos 15000 euros más o menos en total. Pero creo que a la larga lo que tendrá más importancia será haber introducido el valor de la solidaridad social en el uso de la tecnología en el día a día de sus trabajadores.
Recuerdo que cuando estuve trabajando ahí la lucha por instaurar el uso del software libre no era por una falta de recursos sino por las posibles resistencias que se podían encontrar al tener que variar unas formas de trabajar ya asentadas con el tiempo. Pero la estrategia que se eligió desde el departamento de sistemas fue muy inteligente: dividir y conquistar. Comenzar desde abajo, sustituyendo las aplicaciones que resultaban menos traumáticas de cambiar para poco a poco ir liberando los ordenadores de software privativo.
Lo interesante del asunto es cómo se establece el valor de compartir con la comunidad desde dos niveles: Por una parte explicando por qué se elige software libre en vez de software privativo para trabajar, las implicaciones éticas que ello conlleva más allá del coste monetario de pagar licencias, y por otra parte las relaciones solidarias que se establecen entre los trabajadores al ser los más experimentados los que efectúan el papel de introductores en el uso del software compartiendo sus conocimientos.
Soy de la opinión de que ya sea al liberar un ordenador de software privativo o al liberar un espacio abandonado de intereses especulativos la base ética que hay que enfatizar es el hecho de lo bueno que es para la comunidad compartir. La libertad es buena porque nos hace más autonomos respecto a las decisiones de los “otros”, la autonomía no claudica ante la escasez, sino que concede a todos desarrollar sus posibilidades sin entrar en conflicto con los demás.
Espero que este sea el primer paso del IBIT hacia su independencia digital y sus trabajadores se animen a usar en sus ordenadores personales software libre.
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