CEHA: Arte, dinero y memoria
El pasado viernes pude participar en una de las muchas mesas de debate del Congreso Nacional de Historiadores del Arte (CEHA). A priori el sistema parecía atractivo, ya que se nos daba 5 minutos a los participantes para hacer un breve resumen de nuestra comunicación y se pasaba directamente a las preguntas del público ejerciendo como moderador el siempre interesante José Ramón Alcalá, pero el resultado final fue a mi parecer bastante desastroso.
Mi decepción viene por la sensación de que este tipo de congresos son un derroche de dinero público. Se gastan demasiados medios en comparación con las conclusiones que se extraen. No se duda en pagar una cena en el hotel Avenida Palace a todos los participantes aunque después todo se resuma a darse palmaditas en la espalda los unos a los otros. A nadie le incomoda que la respuesta al cuestionamiento que hacen algunas comunicaciones sea totalmente indiferente, que no produzcan ningún cambio tangible y sean simplemente una opinión personal más.
Mi comunicación en principio estaba planteada como una defensa del uso de estándares abiertos a la hora de producir obras digitales, enfatizando el hecho de la interoperabilidad y la posibilidad de una nueva clasificación academicista de este tipo de arte, pero viendo las circustancias decidí hacer un cambio de última hora y centrarme en la necesidad de su uso para garantizar el mantenimiento de las piezas en los catálogos digitales de las instituciones. Si la mayoría de las producciones están pagadas con dinero público es necesario tener la certeza de que estas perdurarán más allá de los caprichos de ciertas empresas privadas que rentabilizan sus tecnologías a base de DRM’s o licencias privativas.
En este momento, justo a las puertas de una crisis económica, creo que hay que centrarse en cuestiones que exijan como respuesta un “sí” o un “no” con consecuencias materiales opuestas. Todo lo demás es una perdida de tiempo que podemos reservarnos para nuestros momentos de consolación íntima. Hay mucho dinero público en juego, y no creo que ahora sea el momento de derrocharlo. ¿Podrían estar los participantes a la altura de esta responsabilidad social?.
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