Algunas cosas que aprendí de las acampadas/movimiento 15M

A modo de aclaración.

Lo político para mí debe ser plurárquico, y la economía democrática. Esto es así porque pueden haber múltiples formas de politización y su existencia simultanea no comporta ningún problema mientras no resulte un freno para el resto de individuos/colectivos, en cambio la economía (los recursos) es limitada y por ello su gestión debe ser consensuada por todos los participantes. En último término la economía siempre debe estar al servicio de la plurarquía, es decir, dar servicio a las politizaciones individuales/colectivas para lograr su plena realización.

La toma de decisión y legitimación.

Partiendo de la distinción entre plurarquía y democracia económica creo que en la acampada nos encontrábamos con tres niveles de toma de decisión: 1º la gestión de los recursos/infraestructuras de la acampada 2º La permanencia de la acampada en la plaza 3º La línea política de la acampada (o del movimiento 15M posteriormente).

La gestión de los recursos/infraestructuras de la acampada entra de lleno en la democracia económica, por lo cual una asamblea era un buen lugar para tomar decisiones. La permanencia de la acampada en la plaza entra en el terreno de lo político y ahí la toma de decisión individual (la plurarquía) es la que regiría. Finalmente, la línea política es netamente plurárquica y la asamblea no sería el lugar más conveniente para realizar la toma de decisión.

Esto que parece bastante sencillo conllevó una serie de problemas debido a la confusión de los espacios de toma de decisión:

a) La gestión de los recursos/infraestructuras visibilizaba el problema del “dentro” y el “fuera”. Quiero recordar que la economía es limitada y por ello su gestión debe ser consensuada por todos los participantes, entonces ¿cómo definimos quién participa y quién no y por tanto, quién puede hacer uso de los recursos (por ejemplo comer o usar un abogado) y quién no?

b) La permanencia o levantamiento de la acampada se ligó al caso anterior, si había un levantamiento “colectivo” se retiraban los recursos, pero ¿y si se quedaban individuos por decisión propia?

c) El problema de fondo de los dos anteriores problemas es la dirección política de la acampada o el movimiento 15M. He dicho que en último término la economía siempre debe estar al servicio de la plurarquía, es decir, dar servicio a los proyectos individuales/colectivos para lograr su plena realización. Pero lo político es plurárquico, es decir, fuera de los mecanismos democráticos donde una mayoría decide sobre una minoría (una asamblea al uso con división de opiniones). Desde el momento que la acampada o el movimiento15M toma forma de “sujeto político”, es decir, un actor único que toma una dirección única, empiezan los problemas ya que se ponen barreras a la multiplicidad.

La marca “15M” o “acampada palma” empieza a tener que tomar decisiones y señalar un “dentro” y un “afuera”. Pertenecer al “15M” conlleva asumir una dirección política única (consensuada) y ello da lugar al derecho de poder disfrutar de los recursos. Si no se acepta la dirección política se aparta del movimiento y se le niega el disfrute de los recursos o se deslegitima su posición política con un “esto no es 15M”. Ello se enclava al final en luchas absurdas por la marca “15M”, intentando diferentes colectivos hacerse con ella sin vislumbrar, tal vez, una salida un poco más post-moderna como “todo es 15M” (no hay dentro ni afuera).

El motor de la marca “15M”

La marca “15M” (al igual que la etiqueta “indignados”) fue generada por los medios de comunicación tradicionales y asumida por las acampadas, esto no tendría el mayor valor si no fuera porque va acompañado de un modo de hacer que conlleva reducir la capacidad de acción al consenso. El consenso como fin (y medio) del 15M invierte el funcionamiento de la plurarquía donde: “alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara en contra, no podría evitar su realización”. En cambio, poner el consenso como fin para actuar conlleva que la tendencia al bloqueo sea muy elevada y su consecución muchas veces no se dé por acuerdo entre las diferencias sino por otro tipo de factores (endogamia, cansancio, etc.)

¿Entonces qué lucha política?

La plurarquía sólo se puede desarrollar plenamente si crece en una democracia económica, a partir de ahí es posible concretar una lucha política: transformar la economía de hoy en una democracia económica. Dividiendo la estrategia en dos líneas, por una parte comprender los mecanismos que generan desigualdades de poder en la economía (o en otras palabras los motivos de la crisis actual), por otra reivindicar el bloqueo de esos mecanismos para finalmente poner sobre la mesa propuestas que profundicen en la democracia económica.

Como ya se vio en el debate sobre el manifiesto de la acampada (el famoso consenso de mínimos), cuando entramos en el terreno de lo político cada uno quiere decir la suya, y eso es bueno, ya que esa diversidad de opiniones genera riqueza, pero las reclamaciones políticas deben tener presente que sin una resolución de los límites que plantea la economía no es posible desarrollar plenamente ninguna propuesta, ya sea dar una alternativa a los desahucios o reclamar un cambio de la ley electoral.

Algo que podemos aprender de Londres… romper con la marca política.

Los disturbios habidos en Londres demuestran la fuerza del anonimato y la capacidad de coordinación de las redes distribuidas (nodos conectados a nodos sin ningún centro, la base de Internet). Aparecer por sorpresa, actuar y desaparecer a través de miles de prácticas piratas que barren metrópolis oceánicas. No hay una marca política detrás que unifique a todos los participantes, no hay una cara visible, simplemente la toma del espacio público con total impunidad por parte de múltiples individualidades anónimas. Al principio de la acampada también se respiraba esa frescura, esa capacidad de sorprendernos, porque en ese momento la posición que tomábamos no era a la defensiva como ocurrió una vez establecidos. La libertad de movimiento, no agarrarse a un espacio concreto y la fluidez que da poder aparecer y desaparecer permite más fácilmente que cualquiera pueda tomar parte en el asunto al no haber nada permanente a lo que señalar con el dedo acusador (“esos perroflautas del 15M que están ensuciando la plaza”). Es tiempo de pensar un nuevo gesto anónimo que cualquiera pueda hacer suyo…

Posted: August 12th, 2011
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