La construcción del razonamiento en la sociedad coercitiva
arte, filosofía 2 Comentarios »Leo en el blog de Ricardo Galli un apunte muy trabajado sobre cómo construir buenos argumentos. Con una claridad pasmosa resuelve cuestiones que tocan muy de cerca temas troncales de la Filosofía de la Ciencia dejando entrever su simpatía hacia el pensamiento de Popper (*). Aun así hay ciertos puntos con los que nunca he podido llegar a estar de acuerdo con él, y ésta tampoco será la primera vez que los mencione
(ver el debate que tuvimos en los comentarios de su antiguo blog y en su nuevo blog).
Mi afirmación central, que recojo de mis anteriores debates con Ricardo, es la siguiente: las decisiones que determinan las condiciones de afirmación entran en el plano político, por tanto deben tener un tratamiento político (considero lo político una categoría que abarca lo psicológico y lo ético). Cuando afirmamos algo lo hacemos siendo atravesados por una serie de circustancias que determinan la posibilidad de realizar nuestra afirmación. En el ejemplo que le di entonces basándome en el trabajo que realiza un investigador me basé en preguntas como: ¿Quién paga tal o cual estudio? ¿Qué científicos están implicados? ¿Qué biografía personal arrastra cada miembro del equipo? ¿Cuales son sus condiciones laborales? ¿Qué consecuencias sociales tendrán sus afirmaciones?. Pensar en un individuo cuyas afirmaciones no se vean impregnadas por sus circustancias es propio de un Dios o de un filósofo
La cuestión de fondo es la siguiente. Si una afirmación se sustenta con unos razonamientos y estos se basan en unas evidencias que pueden ser falseadas para refutar así la afirmación sin duda nos encontramos en el campo de la Ciencia, pero si los individuos que trabajan en el campo de la Ciencia están atravesados por una serie de circustancias no falseables que determinan la posibilidad de realizar sus afirmaciones ¿donde nos encontramos? En mi opinión para comprender este plano humano (demasiado humano) hay que introducir un nuevo criterio que no se base en la falsabilidad y que permita abarcar las cuestiones políticas-psicológicas-éticas de cada contexto.
Supongamos por ejemplo que Ricardo dice: “La nueva fonera 2.0 es espectacular (afirmación), porque es una gran aportación a la comunidad del software libre (razonamiento), al haber liberado el código y no incluir DRM (evidencias)”. Sus evidencias son claras y comprobables y por tanto la afirmación podría ser correcta sin necesidad de nada más, pero, si no mencionara el siguiente disclaimer muchas sospechas podrían caer sobre sus palabras y ahogar la verosimilitud de su argumento:
“Martín Varsavsky, fundador e inversor en FON, es inversor y socio de Menéame Comunicacions S.L. vía JAZZYA Investments desde enero de 2007. Por lo tanto este apunte sólo tiene la credibilidad que se merece por lo que expresa, no por su “objetividad” o “neutralidad”. Incluso puede ser tomado como “publiapunte”, a lo que el autor no pondrá reparo alguno”.
Es por ello que cuando Ricardo dice:
“Los filósofos afirman que nuestro pensamiento racional –razonamiento– es uno de nuestros mayores logros. Pero es muy difícil definir qué es el razonamiento. No es conocer muchos datos, o reglas de lógica, no requiere educación formal, incluso no es saber la “verdad” porque lo que hoy asuminos como verdad luego puede ser demostrada como falsa cuando aumenta el conocimiento o la perspectiva”.
No menciona que una afirmación puede ser verdad y no dejar de serlo, pero simultaneamente perder verosimilitud y por tanto su fuerza como argumento a la hora de “convencer a los demás de que piensen o actúen como decimos”o incluso “decidir por nosotros mismos qué debemos pensar o hacer”. Es por ello que frente al criterio de falsabilidad encuentro que se debe tener en cuenta el criterio de verosimilitud.
La verosimilitud es el criterio que atraviesa el campo de lo político y pone sobre la mesa las relaciones de poder que se establecen con cada posibilidad de afirmación. Desde mi punto de vista ético una afirmación, el “poder decir”, se debe realizar desde un sentimiento de liberación, sin estar oprimido por ninguna relación de poder que nos coarte. Es por ello que asocio el aumento de la verosimilud de una afirmación con el aumento de mi propia autonomía como individuo. Asumo que este pensamiento es opuesto al pensamiento democrático al no concebir la idea de ceder ante una opinión contraria que se plantea como resistencia a mi propia opinión a no ser que ello conlleve una conquista de mayor autonomía o el reconocimiento de una relación de poder que no puedo superar.
Estas son mis cartas, seguramente la verosimilitud para otros individuos sea algo totalmente diferente, ¿se podría llegar algún día prever conductas sociales a través del estudio del concepto de verosimilitud? Un trabajo a mi parecer interesante para la sociología.
(*) Ricardo, ojalá un día dieras una asignatura que girara en torno a este tema, muchos estudiantes de filosofía te estaríamos agradecidos ![]()
Pensamientos en crisis